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La independencia argentina y sus pueblos originarios

Los pueblos originarios, habitantes preexistentes al primer poblamiento europeo y organización estatal, fueron parte importante del proceso que hace 204 años llevó a la Argentina a su declaración de Independencia.

No en vano, una de sus heroínas más relevantes en las guerras de independencia en el Alto Perú, Juana Azurduy, estuvo al frente de un ejército de indias, mestizas y criollas apodadas “Las Amazonas” dispuestas a dar la vida por la liberación de sus pueblos y el propio Manuel Belgrano, quien supo pelear a su lado en este proceso independentista, tuvo la idea que su territorio fuera gobernado por un Rey Inca, llegando a proponer implementar una monarquía americana “atemperada” con un monarca surgido de la dinastía de uno de los pueblo desplazados por los españoles 300 años antes.

La moción presentada con entusiasmo hizo emocionar hasta las lágrimas a muchos de los congresistas en la capital tucumana, en aquel lejano mes de julio de 1816, al punto que la idea en ese momento tuvo gran aceptación.

Este imperio, inspirado en el Inca, tendría su capital en el Cuzco y la corona sería entregada a un descendiente de la “casa de los Incas”, posiblemente a Juan Bautista Túpac Amaru, el anciano hermano menor de José Gabriel Túpac Amaru, líder del levantamiento de 1780, considerado una leyenda en la lucha de emancipación de España.

Estatua del Inca Pachacutec en Cuzco, Perú

Todos conocemos el resultado de una propuesta que tuvo este sus grandes impulsores a José de San Martín, quién sin dudas pudo haber imaginado en la misma la redención de una sangre americana que el mismo llevaba en sus venas.

La historia oficial nos cuenta como a pesar de haber sido reconocidos y respetados por los próceres de aquella gesta durante los primeros años de la nueva nación, pasaron con los años a ser víctimas de persecución y despojo de sus tierras.

Se trataban de decenas de etnias que habitan desde hace siglos el actual territorio nacional, aún en las regiones de duras condiciones geográficas y climáticas como el Altiplano y la Patagonia austral, y que a principios del siglo XIX coexistieron y hasta colaboraron con los criollos en el proceso liberador de España.

Esta historia se plasmó en la Declaración de Independencia del 9 de julio de 1816, impresa en numerosos ejemplares bilingües, que fueron distribuidos en español -en la columna izquierda- y quechua -en la derecha- o en aymara.

El Congreso de Tucumán también encargó una traducción al guaraní, pueblo de amplia presencia en el norte argentino y Paraguay, pero no llegó a imprimirse oficialmente.

Entre 1810 y 1820, los primeros patriotas y grandes personajes de la Independencia, como Moreno, Castelli, Belgrano, San Martín, Artigas y Güemes, pensaron un país con los pueblos indígenas, destaca el antropólogo Carlos Martínez Sarasola.

Sin embargo esta afinidad de originarios y criollos no había tenido representación personal en el Congreso de 1816. Ninguno de los congresales y representantes que firmaron la Declaración fue de origen indígena. Ni siquiera entre los enviados de la provincia de Charcas, con pueblos originarios entre sus habitantes, o zonas del Alto Perú con predominio de chichas y mizque.

Sarasola, uno de los principales investigadores de la cuestión indígena en el país, autor de numerosos y diversos libros sobre la temática, agrega que “a partir de 1820 comenzó a revertirse con políticas estatales encaminadas al genocidio. Salvo excepciones como la de Juan Manuel de Rosas, en algunos momentos, y períodos en los que se buscó una articulación entre criollos e indígenas con tratados y acuerdos circunstanciales”.

El cambio de visión política ante los originarios en la construcción de la Nación se profundizó a mediados del siglo XIX y tiene su punto de inflexión en la campaña militar a la Patagonia, definida como Conquista del Desierto, entre 1878 y 1885, comandada por el general Julio A. Roca. En su libro “La Argentina de los caciques. O el país que no fue”, Sarasola sostuvo que los grandes líderes indígenas de la región pampeana y la patagónica “hasta último momento y más allá de las violencias de la época, intentaron coexistir y convivir con la nueva sociedad en formación, en la medida en que fueran respetados sus derechos. Pero el plan de Roca y de la generación del ’80, que repensó a la Argentina y culminó con la toma de sus territorios, terminó definitivamente con aquella posibilidad”.

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Telam
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