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Un mercado donde comprar sonrisas

Nos llegamos hasta el más colorido, alegre y sabroso mercado popular de Cusco en Perú

En la visión de un fotógrafo documental, les proponemos conocer un destino turístico diferente en Perú. Una experiencia visual y humana más auténtica a solo unos pasos de los monumentos más representativos de la cultura Incaica.

Seguramente no forme parte de ningún tour destacado de los cientos o miles que te puedes encontrar al visitar Cusco y alrededores, ni represente un destino relevante para una de las industrias claves en un país como Perú que ha sabido explotar su imagen como pocas en Latinoamérica. Pero si tu idea al visitar una de las joyas culturales de Latinoamérica pasa por retratar y conocer en profundidad la esencia de su gente en personas vivas y reales, fuera de un museo y caracterizaciones arquetípicas, el Mercado Vinocanchón en el Distrito de San Jerónimo, a las afueras de Cusco, debería ser una visita obligada.

Ubicado en la base de lo que alguna vez fue un enorme lago que ocupaba todo el Valle del Cusco, el distrito de San Jerónimo alberga hoy un Centro de Abastos clave donde se reúnen más de 1200 comerciantes y productores de la región, para ofrecer una gran diversidad de productos agrícolas, pecuarios y agroindustriales. Más de 25.000 consumidores asisten semanalmente a un mercado que representa sin dudas un asentamiento clave para la economía de toda la región, en especial para los miles de productores campesinos que podrás encontrarte allí ataviados con sus coloridas vestiduras típicas, ofreciendo una alegría contagiosa que seguramente se reflejará en sus rostros.

Fotografiar a esta gente en su entorno de trabajo resulta hasta sencillo si tienes la suficiente sensibilidad para hacerlos sentir cómodos frente a una cámara, y muy probablemente puedas en la dinámica probar muchas de las delicias que te ofrecerán, como tradicionales dulces de elaboración propia o deliciosas frutas de estación.

Como es normal en la mayoría de los mercados típicos latinoamericanos, será habitual encontrarte allí con madres cargando a sus crías en sus puestos de trabajo. En toda la zona del altiplano las mujeres usan unas coloridas mantas tejidas para llevar a sus guaguas sobre sus espaldas. El uso de estas llamadas “Lliklla” se remontan a tiempos prehispánicos y representan la continuación y el sostenimiento de los pueblos andinos más antiguos, representando en sus diseños a cada una de las aldeas locales.

Visitar y apoyar este tipo de emprendimientos donde se reúnen en espacios cuidados, productores que se encargan de llevar los alimentos directamente de la chacra a la olla, resulta indispensable para promover un comercio más justo, alejados de la indiferencia que las grandes cadenas comerciales tienen por el sostenimiento de las culturas originarias.

Además, comprar allí tiene el gran valor agregado que cada producto que te lleves seguramente vaya acompañado de una enorme sonrisa.

Fuente
Fotografías cortesía de photowalker.org
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